último día de noviembre

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Los perros son nuestro enlace con el paraíso.
No conocen la maldad, los celos o el descontento.
Sentarse con un perro en una colina durante una gloriosa puesta de sol es estar de vuelta en el Edén,
donde no hacer nada no es aburrimiento, sino paz.
(Milán Kundera )

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Video Campaña Navidad Huellas Cantabria

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Asón y el idioma de los Perros.

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El idioma de los perros

Desconocer los códigos de comunicación de nuestro hermano perruno puede

interferir en la calidad de nuestra relación. Sabiendo interpretar

mínimamente su lenguaje y sus manifestaciones emocionales lograremos

establecer un vínculo más fuerte.


Existen señales visuales, acústicas y olfativas que son utilizadas para

relacionarse con sus congéneres, y son las mismas que utilizará en su

esfuerzo por comunicarse con nosotros. Es importante que aprendamos a

interpretarlas. Comprendida la idiosincrasia canina, educar a nuestro perro

será una tarea mucho más sencilla, adaptada a lo que le trasmite su impronta

genética y donde la socialización temprana jugará un papel importantísimo

para lograr que pueda vivir en armonía con su entorno.


Un abanico de gestos

El lenguaje corporal es sumamente importante en los perros. Los humanos

hemos perdido parte de esta habilidad por el desarrollo que hemos alcanzado

con el lenguaje oral. El habla ha sustituido en las personas otras valiosas

e interesantes formas de expresión que son fundamentales en la especie

canina.


Al igual que nosotros, los perros tienen músculos faciales capaces de dar

diferentes expresiones a la cara. Los labios pueden enrollarse hacia

adentro, las orejas son extremadamente móviles, incluso algunos perros

pueden levantar la cejas cuando están muy sorprendidos por lo que acontece a

su alrededor.


La mirada, la posición de los ojos, los movimientos de la cola, los

distintos gestos se combinan en el perro en diferentes secuencias

estableciendo un complejo mosaico, que deberíamos tratar de descodificar.


Ojos, orejas, cola, boca…

Los ojos muy abiertos nos trasmiten temor, la mirada fija puede significar

desafío; una postura característica en los perros dominantes. Si a nuestro

can le cuelga la lengua es que está relajado, las orejas hacia atrás denotan

temor o una sospecha. Si en cambio permanecen erectas, es que está alerta

ante lo que le rodea. Por cierto, si os muestra los dientes no

necesariamente estará demostrando agresividad.


La cola en movimiento se traduce por una alegría difícil de disimular.

Aunque hay que tomar en cuenta que en ocasiones puede querer trasmitir un

deseo de relacionarse, que no siempre refleja buenas intenciones (sobre todo

si hace en un movimiento lento). Una cola erecta significa dominio; si está

baja, relajación, que no es lo mismo que entre las piernas o curvada, donde

está demostrando temor o sumisión.


En ocasiones hemos contribuido a limitar estas facultades expresivas, por

ejemplo con los cortes estéticos de orejas o de cola, disimulando parte de

sus recursos comunicativos y dificultando también la comunicación con sus

propios congéneres. La cría selectiva realizada en el correr de los siglos

ha hecho en algunas razas que un pelo excesivamente largo o unas orejas

colgantes hayan modificado asimismo sus posibilidades de comunicación.


Posturas que hablan por sí mismas

Un perro agachado con las patas delanteras extendidas y la espalda curvada

está invitando a jugar: cuando está en una postura sumisa es frecuente que

se gire para mostrarnos sus partes vulnerables. Si el cuerpo está tenso,

muestra los dientes con las orejas hacia atrás y mantiene la cola rígida es

que tiene miedo, si la cola está erecta, las orejas hacia arriba y los

dientes al descubierto mostrando incluso los incisivos, está preparado para

atacar. Un perro relajado y feliz lleva su cola sin tensión junto al cuerpo,

con sus mandíbulas descontraídas, moviéndose libremente con la cabeza en

alto.


Nuestros perros son animales domesticados, pero continúan comunicándose como

sus antepasados los lobos. Las señales olfativas les permiten identificar a

los individuos. Los perros tienen glándulas que secretan determinadas

sustancias olorosas que les permiten diferenciarse del resto.


La orina es otro mecanismo con el que cuenta esta especie para marcar un

territorio y poner su sello de identidad. Las hembras también utilizan este

instrumento para anunciar a la comunidad su deseo de aparearse. Las señales

auditivas constituyen otro importantísimo recurso comunicativo. Los ladridos

de diferente tonalidad permiten comunicar un saludo, una advertencia, un

deseo de jugar, una petición de auxilio.

Salud y Suerte en el Camino.

Asón y Russell.

OSO PANDA ROJO

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Hoy os acerco una de las fotos que pude hacerle estas últimas Vacaciones a uno de mis animales favoritos… El Oso Panda Rojo.

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El
panda rojo (nombre científico Ailurus fulgens, en chino 小熊貓, xiǎo xióng
māo o "panda menor", en inglés "Firefox") es un mamífero principalmente
herbívoro, un poco más grande que un gato doméstico (6 dm de largo).
Tiene garras semiretráctiles y, como el Panda gigante, tiene un "falso
pulgar" que realmente es una extensión del hueso de la muñeca.

Por
muchas décadas estuvo en debate la clasificación taxonómica del panda ,
ya que tanto el Panda Rojo como el remotamente emparentado Panda
gigante, comparten características de los osos y de los mapaches. Por
su nombre en inglés suele confundirse con un zorro rojo, pero dista
mucho de su especie.

Tiene una capa de pelo de color rojo óxido,
patas delgadas y cola larga, peluda y rayada. El panda rojo es
nocturno, habita en las laderas del sur del Himalaya y de los bosques
montañosos del sur-oeste de China, como de partes de India y Nepal.
Llega a alturas de hasta 4.000 msnm, y generalmente no se aventura por
debajo de los 1.800 metros.

Están adaptados a alimentarse de
hojas y brotes de bambú, aunque suelen alimentarse en el suelo a base
de raíces y pequeños animales. Pasan mucho tiempo recostados en las
ramas de los árboles y en los huecos de estos. Se encuentran en peligro
de extinción debido a la desaparición de los bosques en los cuales
habitan y a su caza furtiva por su preciada cola, sin embargo, no
existe información determinada acerca de la cantidad de especímenes
existentes.

El Panda Rojo es la mascota que aparece en el logotipo del navegador libre Firefox.

TEXTO EXTRAIDO DE WIKIPEDIA.

:( :( :(

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Te echo mucho de menos….  
 
 

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RECLAMAMOS LEY DE PROTECCIÓN ANIMAL YA!!!

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Los Animales en nuestro pais no tienen ningún derecho pero las leyes son claras respecto a sus obligaciones,Si un perro es asesinado a palo, a su asesino se le castiga con una pequeña multa…  En la mayoría de los casos de Maltrato animal se conoce a sus autores


 

:( Ya no hay delfin Blanco :(

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El último delfín Los delfines blancos llevaban 20 millones de años
navegando por el río Yangtsé, en China, pero ha bastado menos de un
cuarto de siglo para eliminarlos del catálogo de los seres vivos.

Un silbido agudo, entrecortado y tenue se difundía por las
aguas cenagosas del río Yangtsé. Era la voz de una antigua divinidad de
la mitología china, el delfín que había existido como especie singular
desde hace veinte millones de años. El silbido era el lenguaje en el
que se comunicaban entre sí los delfines, que eran casi ciegos pero
tenían un oído muy fino. Cada tres o cuatro minutos emergían del agua
para respirar, y a veces se alzaban en vigorosos saltos verticales
antes de sumergirse de nuevo, los largos hocicos apuntando como
espolones de proa hacia el cielo, la piel sonrosada reluciendo al sol.
Para moverse por las profundidades turbias del río se guiaban por un
sistema de ultrasonidos tan complejo como el de los murciélagos. Pero
a veces se extraviaban, o no escuchaban los mensajes de sus compañeros
de manada, a causa del ruido constante de los motores de los barcos y
la vibración
de las excavadoras trabajando en la orilla. Se
perdían y quedaban despedazados por las hélices de los barcos mercantes
o atrapados en las redes de los pesqueros que asolaban el fondo del río.

Los delfines blancos
llevaban 20 millones de años navegando las aguas del Yangtsé, mucho
antes de que los miembros de una peculiar especie de primates empezaran
a caminar erguidos, pero ha bastado menos de un cuarto de siglo para
borrar su presencia del catálogo de los seres vivos. En 1980 se calculaba que había unos 400. En 1997 su número se había reducido a 13.
El año pasado, durante seis semanas, una expedición científica
internacional recorrió 3.500 kilómetros por el Yangtsé buscando
delfines blancos y no pudo encontrar ninguno. Llevaban los instrumentos
ópticos más sensibles, cámaras que habrían podido detectar la presencia
huidiza de ese fantasma blanco, micrófonos y grabadoras que ni una sola
vez registraron ese silbido que cuando uno lo escucha parece venir de
otro mundo. La última vez que alguien vio un delfín blanco en el
río fue hace tres años, en septiembre de 2004. El último que vivió en
cautividad había muerto tristemente en el Acuario de Hong Kong en el
año 2002.

Un organismo prodigioso modelado
por la selección natural a lo largo de un tiempo que no cabe en la
imaginación humana se ha extinguido para siempre en el curso de algo
menos de una generación. La pesca incontrolada, el tráfico
constante de los buques gigantescos que transportan por el río las
mercancías de la vertiginosa prosperidad china, la polución de las
aguas, han acabado con el antiguo dios del Yangtsé.
Hace unos
meses, todavía publicaba algún periódico el proyecto del gobierno chino
de crear una reserva biológica para los delfines blancos. Ahora
se sabe que ya es demasiado tarde, y que si todavía queda alguno la
especie no tiene esperanza de sobrevivir. Imaginamos un delfín
solitario, perdido, aterrado, pidiendo auxilio con silbidos que nunca
tienen respuesta, navegando sin norte por las aguas envenenadas que en
otro tiempo fueron el paraíso terrenal de su especie
. Su
manera de comunicarse entre sí nos hace pensar en criaturas de otros
planetas, pero los delfines blancos eran parientes cercanos nuestros,
mamíferos sociales como nosotros , dotados de una inteligencia rápida y
sutil, que les permitía crear sofisticados mensajes sonoros e incluso
identificarse entre sí por la variedad individual del silbido, como
nosotros nos identificamos por nuestro nombre y el metal de nuestra
voz. El último, los últimos de ellos,
sentirían que habitaban un mundo irreconocible, un paisaje devastado de
estruendos apocalípticos y cienos venenosos. Nos hacen pensar en esos
supervivientes finales de la Humanidad que solía
n
protagonizar tantas historias de ciencia ficción, y que aparecen de
nuevo tan poderosamente en la última novela de Cormac McCarthy, The
Road, donde un hombre y su hijo de diez años huyen hacia el mar por un
mundo reducido a cenizas y escombros.

Pero el Apocalipsis
no es una posibilidad futura, una especulación fantástica. Ha ocurrido
muchas veces, cada vez que una ciudad o una civilización han sido
aniquiladas, cada vez que el irrepetible patrimonio genético de una
especie se ha extinguido. ¿Cómo sería el final de los últimos hombres
de Neandertal, hace unos 30.000 años? ¿Qué siente al quedarse solo el
último anciano de una tribu borrada del mapa, el último hablante de una
lengua que no volverá a escucharse cuando él muera? En algún lugar de
las aguas del Yangtsé ha sucedido o está a punto de suceder un drama
para el que no existen palabras en la literatura

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